
Este blog tiene dos enemigos naturales. Las mujeres que no se depilan y la corrección política. El pobre Bon Jovi no tiene nada que ver con esto. Al menos él se depila. Hoy toca desplumar a los graciosos que defienden al Dalai Lama. Son los mismos que critican al Vaticano y las teocracias, por lo general. Ya sé que los jodidos chinos nos están invadiendo. Todo está lleno de grandes almacenes con los precios por los suelos regentados por inmigrantes chinos. Todo esto está para blanquear dinero, porque ni de coña se puede pagar el alquiler de esas bajeras enormes vendiendo pantalones a 8€, pero esa es otra historia que ni me va ni me viene. Sucede que antes volvía para casa y al pasar por uno de estos bazares algún iluminado libertario había dejado una pintada en la que se leía "Tibet libre". Aunque bien pensado antes estaba dando un paseo cerca del cámping y la alcoholera y había pintadas de "euskal presoak Euskal Herrira". Lo absurdo ya no es el mensaje, lo absurdo es ser tan gilipollas como para irte hasta un descampado para dejar una pintada que como mucho van a leer cuatro peregrinos alemanes a la que van para Santiago y que lo mismo piensan que es "albergue a 500 metros" en euskera. Como iba diciendo, al leer esa pintada recordé a todos los intelectuales y entendidos que intentaron boicotear los JJOO de Pekín por la historia esta de la ocupación del Tíbet y la problemática independentista de la región en cuestión. A mí un país en el que el idioma suena a ruido de fondo de una taberna de Star Wars realmente me da igual, pero disfruto echando por tierra la retórica de la gente que cree tener la razón. Por eso me gustaría que el personaje que hizo esa pintada leyese esto y que le quedase clara una cosa: en este mundo, todos están hasta el culo de mierda. Y los lamas son la versión anaranjada de los Bono y las Lady Di del planeta. Y, por cierto, los Reyes Magos, son los padres.
Os pongo en situación brevemente. Cuando la dinastía Manchú llegó al poder en China, el Tíbet pasó a estar bajo soberanía china pero bajo mando del Dalai Lama, es decir, de los lamas supremos, es decir, era un régimen feudal dominado por monjes que explotaban a la masa campesina. De esta manera, la práctica totalidad de la tierra pertenecía a los monasterios; así pues, alrededor del 80% del pueblo eran siervos, sin contar a los esclavos. El Dalai Lama se presenta como una hermanita de la caridad que vive del aire, cuando en realidad, cuando tenía el poder, era el dueño de toda la población, con miles de siervos a su servicio. El campesinado tenía que entregar tres cuartas partes de la cosecha a sus señores, y se les castigaba a latigazos si siquiera tocaban o hablaban con sus dueños, algo lógico para ellos, ya que tanto los siervos como las mujeres no eran considerados como humanos, y podían comprarse en los mercados de Lhasa. De hecho ser mujer era un castigo y éstas rezaban por reencarnarse en hombre. Y es que, amigos, vivir en el Tíbet era sinónimo de vivir en un lugar atrasado, anclado en la Edad Media y en el que la mortalidad infantil, cuando llegaron los chinos, era del 43% y la esperanza de vida era de 35 años. Y es que la gente, tal y como les decían los monjes, moría por sus pecados, y no podían tomar antibióticos, algo occidental y maldito. Esto es comprensible ya que sólo ellos sabían leer y mantener al pueblo en la incultura y la ignorancia más absoluta era el único medio para mantener su estatus privilegiado. Pobre Dalai Lama ¿verdad? ¿Seguís ahí los que parloteabais hace un año sobre boicotear los JJOO? No, no lloréis. A mí la nueva sociedad china me parece horrible y explota y aliena al individuo. Hablando de China, en 1949 entran en el Tíbet las tropas. Esto se pone interesante. En realidad toda esta historia es muy simple. Los lamas siempre fueron favorables a los británicos. China era comunista. Tíbet era un aliado en potencia para Occidente.
Por aquel entonces la Guerra Fría estaba empezando y la República Popular temía que el Tíbet se convirtiese en un coladero contrarrevolucionario por el que los americanos y los británicos introducirían armas para los lamas y la burguesía y la nobleza china. Lo que no se cuenta es que dentro del Tíbet ya existía un movimiento, el Ejército Popular de Revolución, formado por campesinos, que apoyados por el Partido Comunista Chino iniciaron el levantamiento contra la teocracia y la tiranía de los monjes. Así, en 1951, se llegó a un acuerdo, los monjes reconocieron la soberanía china y dejaron con el culo al aire a su querido Dalai Lama, que tuvo que huir por el Himalaya. Pero esa parte ya sale en los libros de Historia. Ahora son parte de China y pese a que la CIA estableció campos de entrenamiento en las Rocky Mountains para entrenar a milicianos tibetanos, creo que está claro cómo terminó la historia. Por eso, cuando critiquéis la existencia de algo tan arcaico como El Vaticano, tened el sentido común de meter en esa lista también al Dalai Lama y a su Tíbet libre, a un tipo que es Premio Nobel de la Paz pero que, al igual que el señor Gore, estaba encantado –ahí están las declaraciones- cuando la OTAN bombardeó Belgrado con el mismo ensañamiento que tuvieron los serbios años antes. No estoy defendiendo la ocupación china del Tíbet, pero por favor, no caigáis en el moralismo barato que intentan venderos, porque los lamas son basura, y los Richard Gere que reptan por las pantallas o son unos perfectos ignorantes, o unos cínicos incurables. O ambas cosas. Si el pueblo tibetano era pacífico y tranquilo no era por felicidad y armonía, era por miedo y sometimiento. Entiendo al Dalai Lama. Yo también echaría de menos ese pasado si fuese una supuesta reencarnación de Dios en la tierra. Kypling y Conrad ya fantasearon con eso a su manera. Cualquiera querría ser Dios, o al menos vivir como tal. Pero que no os timen. Es todo una mentira.

Un momento, ¿y yo qué cojones pinto en todo esto? Porque si es por el Shangri - La Dee Da, esto va a quedar muy forzado, tío.
Con los Stone Temple Pilots pasó algo parecido. Eran los jodidos chinos del rock. Eran lo peor. Unos traidores. Un invento. Un grupo prefabricado. Unos Pearl Jam bastardos, demasiado duros y comerciales como para ser dignos de la etiqueta grunge, pero demasiado tardíos para ser otro grupo de hard rock angelino. Pasaron los años y los que en su momento les tuvieron tirria, pasaron directamente a odiarles a medida que su popularidad decrecía. Y el fracaso de Velvet Revolver fue la losa definitiva sobre Scott Weiland. Y en parte lo entiendo. Estoy acostumbrado a hacer de abogado del Diablo. Este tipo es la némesis de Matt Sorum, pero los enemigos de mis amigos no tienen porqué ser mis enemigos. Sobre todo si son unos jodidos rockstar. Porque puede que la carrera de este tipo se haya ido degradando pese a dar destellos espectaculares, y la vuelta de los Stone Temple Pilots a la carretera y el prometido álbum para 2010 sean forzados, pero en 1992 Weiland y compañía sacaron un debut colosal de hard rock bestia, musculoso y sucio y de paso les metió el miedo en el cuerpo a todos los pusilánimes que tenían erecciones con Sonic Youth y compañía. Porque por mucho que los ejecutivos y señores de las discográficas se empeñasen en meterles en el saco del rock alternativo, lo siento por Wikipedia y compañía, pero si vendes 8 millones de copias sólo en los USA con tu primer trabajo de partida eres cualquier cosa menos alternativo y si esto no es hard rock Phil Collins es divertido. Y encima les echaban en cara eso. ¿Pero se puede saber qué tiene de malo estar hasta el culo de dinero? ¿El rock no iba de ganar dinero, montárselo con actrices porno y sobrevivir de milagro? Porque eso es lo que hicieron los Stone Temple Pilots a principios de los 90', intentar ser el grupo de rock más famoso de la tierra y no morir en el intento.
Por desgracia Weiland terminó convertido en un yonki y en un presidiario y en apenas diez años... bueno, esa parte ya la conocéis. A principios de década todo empezó cuando Scott se dio cuenta en un concierto de Black Flag de que su novia era también la chica de un tal Robert DeLeo. En lugar de partirle la cara a ese tipo hizo lo más inteligente, deshacerse de ella y montar un grupo con su nuevo compadre y tocar en tugurios y bares de alterne. Robert llamó a su hermano Dean para la guitarra y a su amigo Eric Kretz para la batería. Fue tan sencillo como fichar por Atlantic y meterse en el estudio con un Brendan O'Brien que saltaría al primer nivel como productor gracias a este disco. Y no es de extrañar porque desde que empieza Dead & Bloated y Scott saca esa voz inconfundible y furiosa sabes que estás ante algo diferente, con ese sonido propio de Stone Temple Pilots que muchos tacharon de refrito entre la crudeza y los riffs de Alice in Chains y las dotes vocales de Eddie Vedder pero que desde el principio sonaba a algo especial, nuevo, y que ni siquiera Slash y Duff supieron quitarse de encima. Sólo por Sex Type Thing ya merecen estar entre los grandes del hard rock. Esa canción fue un tiro en la sien cuando la escuché por primera vez con apenas 15 años. Ese riff maligno, esa atmósfera siniestra y ese vozarrón de Scott eran sencillamente brutales, y si a eso le añadimos un videoclip polémico que sugería una violación y esa letra más cock rocker que Vince Neill en una bañera de Viagra dispararon mis instintos hard rockers. Estos tíos eran una trituradora de conciencias, y terminaban por destruir tus defensas con la hipnótica y tortuosa Wicked Garden. No había duda alguna, eran el grupo incómodo para las cabezas pensantes de la industria y un peligro público a condenar. Hasta las dos breves piezas instrumentales -No Memory y Wet My Bed- estaban hasta el cuello de malicia.
El estilo de Dean DeLeo, retorcido y macabro, teje la tela de araña para que Weiland siga y siga en su mundo de pesadilla en Sin, de riffs secos y voz violenta, pero una vez más sonando a Stone Temple Pilots y a nadie más, con pasajes espectaculares, un puente soberbio y una interpretación de Weiland colosal. Por mucho que le pesase a la prensa -"with Eric Kretz bashing the skins like a Bonham manqué and axman Robert DeLeo ladling murk, Core is a testosteronefest", dijo con desdén el enésimo redactor de Rolling Stone cuyo mayor subidón de adrenalina fue comer plastilina en la guardería-, Naked Sunday es un trallazo, una patada en las pelotas de los millones de indolentes que dicen ser rock, exactamente igual que Piece of Pie, probablemente la pista más dura del disco, y Creep, uno de los mejores temas acústicos de la década, lúgubre y honesta como élla sola, escrita desde "one of those instances where we looked at ourselves, looked in the mirror". Y luego llega, junto a Sex Type Thing, la canción más polémica del álbum, Plush, por la cual les acusaron de plagiar a Pearl Jam vilmente, y si bien es cierto que en el videoclip Weiland sobreactuaba recordando la mímica de Vedder, una vez más, esto suena a Stone Temple Pilots, y es un temazo, un clásico de los 90', poderoso, potente y mágico, que siempre sonaba de fondo en el Grand Theft Auto: San Andreas. Y así dan paso a Crackerman, que aunque después se adaptó como un tema acústico, aquí es puro hard rock que suena tan fresco y moderno que de hecho si alguien la hubiese colado en Velvet Revolver nadie se habría dado cuenta. Y, para finalizar, la mastodóntica y ambiciosa Where the River Goes, fastuoso tema de más de 8 minutos que define a la perfección el sonido envilecido, oscuro y potente de un grupo que acababa de ver que podía comerse el mundo. Luego llegó el genial Purple y el éxito no hizo más que aumentar, hasta que todo se fue a la mierda, pero esa es otra historia.
Por desgracia Weiland terminó convertido en un yonki y en un presidiario y en apenas diez años... bueno, esa parte ya la conocéis. A principios de década todo empezó cuando Scott se dio cuenta en un concierto de Black Flag de que su novia era también la chica de un tal Robert DeLeo. En lugar de partirle la cara a ese tipo hizo lo más inteligente, deshacerse de ella y montar un grupo con su nuevo compadre y tocar en tugurios y bares de alterne. Robert llamó a su hermano Dean para la guitarra y a su amigo Eric Kretz para la batería. Fue tan sencillo como fichar por Atlantic y meterse en el estudio con un Brendan O'Brien que saltaría al primer nivel como productor gracias a este disco. Y no es de extrañar porque desde que empieza Dead & Bloated y Scott saca esa voz inconfundible y furiosa sabes que estás ante algo diferente, con ese sonido propio de Stone Temple Pilots que muchos tacharon de refrito entre la crudeza y los riffs de Alice in Chains y las dotes vocales de Eddie Vedder pero que desde el principio sonaba a algo especial, nuevo, y que ni siquiera Slash y Duff supieron quitarse de encima. Sólo por Sex Type Thing ya merecen estar entre los grandes del hard rock. Esa canción fue un tiro en la sien cuando la escuché por primera vez con apenas 15 años. Ese riff maligno, esa atmósfera siniestra y ese vozarrón de Scott eran sencillamente brutales, y si a eso le añadimos un videoclip polémico que sugería una violación y esa letra más cock rocker que Vince Neill en una bañera de Viagra dispararon mis instintos hard rockers. Estos tíos eran una trituradora de conciencias, y terminaban por destruir tus defensas con la hipnótica y tortuosa Wicked Garden. No había duda alguna, eran el grupo incómodo para las cabezas pensantes de la industria y un peligro público a condenar. Hasta las dos breves piezas instrumentales -No Memory y Wet My Bed- estaban hasta el cuello de malicia.
El estilo de Dean DeLeo, retorcido y macabro, teje la tela de araña para que Weiland siga y siga en su mundo de pesadilla en Sin, de riffs secos y voz violenta, pero una vez más sonando a Stone Temple Pilots y a nadie más, con pasajes espectaculares, un puente soberbio y una interpretación de Weiland colosal. Por mucho que le pesase a la prensa -"with Eric Kretz bashing the skins like a Bonham manqué and axman Robert DeLeo ladling murk, Core is a testosteronefest", dijo con desdén el enésimo redactor de Rolling Stone cuyo mayor subidón de adrenalina fue comer plastilina en la guardería-, Naked Sunday es un trallazo, una patada en las pelotas de los millones de indolentes que dicen ser rock, exactamente igual que Piece of Pie, probablemente la pista más dura del disco, y Creep, uno de los mejores temas acústicos de la década, lúgubre y honesta como élla sola, escrita desde "one of those instances where we looked at ourselves, looked in the mirror". Y luego llega, junto a Sex Type Thing, la canción más polémica del álbum, Plush, por la cual les acusaron de plagiar a Pearl Jam vilmente, y si bien es cierto que en el videoclip Weiland sobreactuaba recordando la mímica de Vedder, una vez más, esto suena a Stone Temple Pilots, y es un temazo, un clásico de los 90', poderoso, potente y mágico, que siempre sonaba de fondo en el Grand Theft Auto: San Andreas. Y así dan paso a Crackerman, que aunque después se adaptó como un tema acústico, aquí es puro hard rock que suena tan fresco y moderno que de hecho si alguien la hubiese colado en Velvet Revolver nadie se habría dado cuenta. Y, para finalizar, la mastodóntica y ambiciosa Where the River Goes, fastuoso tema de más de 8 minutos que define a la perfección el sonido envilecido, oscuro y potente de un grupo que acababa de ver que podía comerse el mundo. Luego llegó el genial Purple y el éxito no hizo más que aumentar, hasta que todo se fue a la mierda, pero esa es otra historia.
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